Debemos tratar a una persona con discapacidad intelectual con total normalidad, adaptando nuestro comportamiento a la dificultad que esta tenga para relacionarse, los siguientes consejos se centran en las distintas características.

 

Alteraciones en la conducta
  • Demostrar interés por la persona y su estado de salud y anímico, pero a la vez, ser discretos. Evitar divulgar o insistir sobre su enfermedad, a no ser que sea estrictamente necesario.
  • Evitar las situaciones de estrés continuado, así como aquellas que puedan generar violencia, como discusiones o críticas.
  • Tomarse un tiempo para escuchar lo que dice.
  • Facilitar su participación en todas las actividades.

Personas con trastornos de la afectividad

A menudo, las personas que sufren de depresión no reconocen que manifiestan los síntomas. Lo más importante que alguien puede hacer por una persona que sufre de depresión, es ayudarle a que reciba un diagnóstico apropiado y un tratamiento efectivo. Esto puede implicar:

  • Ayudar a la persona a encontrar un médico o terapeuta.
  • Concertar su primera cita.
  • Animar a la persona a seguir con el tratamiento. Reafirmarle que, con el tiempo y ayuda, se sentirá mejor.

La segunda cosa más importante es ofrecer apoyo emocional. Esto incluye:

  • Ser comprensivo, paciente y afectuoso
  • Dar ánimo sincero.
  • Entablar conversación con la persona y escucharla con cuidado.
  • No realizar la función de terapeuta o intentar dar respuestas a las preocupaciones de la persona. Algunas veces sólo quieren que alguien las escuche.
  • Invitar a la persona deprimida a pasear, salir, ir al cine y otras actividades.
  • Insistir de manera gentil, si se rechaza la primera invitación.
  • En el trabajo:
    • Evitar los estilos de mando coercitivos y autoritarios. Ser dialogante y comprensivo.
    • Reforzar y alabar las tareas bien hechas.

 Cómo tratar a una persona con discapacidad: Dificultades de comunicación/habla

Las personas con dificultades de comunicación se caracterizan por tener problemas para expresarse de forma oral. Algunas manifestaciones relacionadas con estas dificultades son: afasia, disartria, disfemia, disfonía, mudez/afonía, laringectomía, discapacidad expresiva, etc.

En el entorno de trabajo pueden considerarse una serie de pautas para tratar a personas con estos problemas y facilitarles su interacción con otras personas y el desempeño de las tareas que realizan:

  • Mantener un tipo de conversación natural y apropiada para un adulto.
  • Reducir los ruidos ambientales al mínimo para facilitar la comunicación.
  • Hablar en un tono de voz normal
  • Evitar corregir el habla del individuo.
  • Permitirle a la persona un tiempo adicional para expresarse, siempre que sea posible. No forzar la comunicación oral más que en las situaciones en las que sea necesario.
  • Si no se ha comprendido lo que dice, conviene hacérselo saber para que la persona utilice otra manera de comunicar lo que desea. No hay que aparentar haber comprendido si no ha sido así.
  • Prestar atención y estimular todos los elementos comunicativos de naturaleza no verbal que la persona pueda transmitir: escribir, dibujar, señalar, expresiones faciales, gestos con las manos y el contacto visual. Proporcionar alternativas de comunicación al lenguaje oral (escritura, correo electrónico, sms, símbolos, etc.).
 Epilepsia/crisis convulsivas
  • Las personas con epilepsia o crisis convulsivas no necesitan especiales consideraciones en el puesto de trabajo. El trato que ha de darse es el mismo que a cualquier otra persona.
  • Los compañeros y superiores han de conocer, sin embargo, si una persona es susceptible de tener una crisis de epilepsia, para poder actuar de manera adecuada y prestar los auxilios adecuados.
  • Si una persona con epilepsia sufre una crisis convulsiva, no hay que ponerse nerviosos ni eso debe cambiar nuestra consideración hacia esa persona ni la forma en la que tengamos que tratarla en el futuro.

En caso de presentarse una convulsión, se deben brindar los primeros auxilios apropiados.

PRIMEROS AUXILIOS DE EMERGENCIA:
  • Se debe proteger a la persona contra lesiones. Se debe despejar el área de muebles u objetos que puedan causar lesión por caídas durante la convulsión.
  • No introducir a la fuerza un objeto duro entre los dientes (como una cuchara o un bajalenguas, etc.), ya que esto puede causar más daño del que se trata de evitar.
  • No intentar contener o sujetar a la persona durante el ataque.
  • Desabrochar la ropa si está muy ajustada.
  • Quitar las gafas y otros objetos que en el momento estén en sus manos o entorno y puedan dañarle.
  • Se debe proteger a la persona contra la aspiración de vómito o moco, girar a la persona hacia un lado si se presenta vómito y mantener a la persona sobre su costado, mientras duerme, después de que termina la convulsión.
  • En general, no es necesario avisar a los servicios médicos porque se produzca una crisis epiléptica, salvo que sea la primera vez, se esté ante una persona desconocida o la crisis tenga una duración excesiva (superior a 10-15 minutos), o que tras una crisis aparezca otra.
DESPUÉS DE LA CONVULSIÓN:
  • Tratar cualquier lesión causada por golpes o caídas.
  • Se deben registrar e informar al médico detalles de la convulsión tales como: fecha y hora, duración, partes del cuerpo que resultaron afectadas, el tipo de movimientos u otros síntomas, causas posibles, comportamiento después de la convulsión y otros factores que se hayan observado.

Hay también personas con epilepsia que manifiestan la enfermedad en forma de crisis no convulsivas. Las crisis no convulsivas pueden tener diversas manifestaciones, aunque las más frecuentes son las crisis acinéticas (pérdida del tono muscular y de la consciencia, durante un segundo o menos, con caída al suelo) y las crisis de ausencia (mirada fija, interrupción de la conciencia sin caída, durante 5-20 segundos).

La actitud más adecuada es, como siempre, no perder la calma y vigilar que no se haga daño. Para ello, debemos alejar los objetos con los que se puedan lesionar, posicionarla suavemente si es necesario, para evitar que caiga al suelo y se haga daño y esperar a que la crisis remita.

¿En qué situaciones se debe buscar asistencia médica?

  • Si una crisis dura más de 2 ó 3 minutos o si no hay antecedentes de crisis previas.
  • Si se dan cambios en el estado mental prolongados como confusión o bajo grado de reacción
  • Igualmente, se debe buscar asistencia médica si se presentan nuevos síntomas, incluyendo posibles efectos secundarios de los medicamentos como cambios en el estado mental (somnolencia, inquietud, confusión, sedación u otros), náuseas y vómitos, erupción, pérdida de cabello, temblores o movimientos anormales, fiebre o problemas con la coordinación.

 Si además la persona con discapacidad tiene dificultades para caminar

  • En compañía de una persona que camina despacio y/o utiliza muletas, procurar ajustar nuestro paso al suyo.
  • Evitar posibles empujones o un contacto físico mientras se está desplazando.
  • Pueden necesitar ayuda a la hora de levantar o transportar objetos, ya que las manos están ocupadas sosteniendo las muletas.
  • Procurar que las muletas (u otras ayudas para caminar que utilice) estén siempre cerca de la persona.
  • Si da la impresión de que la persona está en dificultades, hay que ofrecer ayuda y en caso de que sea aceptada, preguntar cómo debe hacerse. Las personas tienen sus técnicas personales para subir escaleras, por ejemplo, y, a veces, una ayuda inadecuada puede hasta entorpecer las cosas. Otras veces la ayuda es esencial. No ofenderse si la ayuda es rechazada.
  • En el caso de que la persona se haya caído, hay que ofrecerle ayuda inmediatamente, pero nunca sin preguntar si es necesaria la ayuda y cómo debe hacerse.
  • Si usa prótesis, no fijar su mirada en ellas, pero tampoco desviar la mirada si caen en el campo de visión.
 Si además la persona con discapacidad es usuaria de silla de ruedas
  • Para hablar con una persona que utiliza silla de ruedas, situarse de frente y a la misma altura (a ser posible sentados).
  • Si desconocemos el manejo de la silla de ruedas, preguntar al usuario cómo ayudarle.
  • Dirigirse a la persona en silla de ruedas y no a su acompañante.
  • Recordar siempre que hay que preguntar si la persona necesita ayuda, antes de brindarla. Puede no ser necesaria o querida.
  • No colgar cosas o apoyarse sobre una silla de ruedas ya que ella es parte del espacio corporal de la persona.
  • No empujar la silla sin decírselo al usuario.
  • No levantar la silla por el apoya brazos.
  • Para pasar un obstáculo o gradas, inclinar la silla hacia atrás y bajarla por sus ruedas traseras.
 Si además la persona con discapacidad presenta alteraciones corporales visibles

Algunas pautas muy sencillas para tratar a personas que puedan tener alteraciones corporales visibles son las siguientes:

  • Advertir previamente a los compañeros de trabajo de las características de la persona. Recalcar que no hay que subestimar o infravalorar a una persona por su aspecto físico. Fomentar el trato igualitario.
  • Evitar tanto mirar fijamente a las partes con deformidades, como apartar la vista de ellas.
  • Actuar siempre con naturalidad: evitar las situaciones exageradas, la sobreprotección y el paternalismo.
  • En el caso de que puedan necesitar ayuda: preguntarles antes de ayudar y seguir sus indicaciones.
 Si además la persona con discapacidad presenta discapacidad visual o ceguera
  • Identificarse inmediatamente. No empezar a hablar sin haberse presentado primero.
  • Ofrecerle ayuda si vacila, o bien si existe algún obstáculo o peligro. Ofrecerle el brazo, no tomar el suyo directamente. La regla de oro para ofrecer ayuda es preguntar si la necesita antes de hacer nada.
  • Caminar ligeramente por delante.
  • Si se le ofrece o indica alguna cosa, decirle de que se trata.
  • Informarle en qué lugar exacto se encuentra lo indicado. Utilizar términos como: izquierda, derecha, adelante, atrás. Debemos ser específicos y precisos en el mensaje, utilizando términos orientativos y evitando palabras como aquí, allí, eso, etc., o exclamaciones como ¡cuidado!. Si es necesario, tomar su mano y hacerle palpar el objeto.
  • Describir verbalmente escenarios y entornos.
  • No dejarle solo sin advertírselo antes.
  • En el centro de trabajo, evitar dejar obstáculos por el camino. Cuando haya que mover o cambiar muebles o maquinaria de sitio, avisarle.
  • Los objetos que utiliza dejarlos siempre en el mismo lugar.
  • Mantener las puertas o ventanas, totalmente cerradas o completamente abiertas.
Si además la persona con discapacidad presenta discapacidad auditiva o sordera
  • Volver la cara hacia la persona a la que se dirige la palabra. Permanecer quietos mientras nos comunicamos. Hay que asegurarse que la persona con discapacidad auditiva ve bien nuestra cara. Asegurar que nuestra cara está iluminada.
  • No cubrir nuestra cara con las manos o con otros obstáculos (bolígrafos, chicles, etc.).
  • Hablar con un nivel de voz natural y vocalizando. Utilizar expresiones faciales, pero sin exagerar demasiado los gestos. No hablar demasiado deprisa.
  • Acercarse a la persona pero no gritar. No nos va oír por mucho que gritemos, incluso, puede que consigamos el efecto contrario, pues al gritar, nuestro rostro se crispa, y es esto lo que el interlocutor percibe: no capta el contenido de las palabras, sólo ve un rostro hostil.
  • Mirar a los ojos a nuestro interlocutor. Este elemento nos puede ayudar en dos sentidos: el primero es que sentirá confianza en nosotros; el segundo es que, a la vista de su expresión facial proseguiremos la conversación con la seguridad de que nos comprende. En general, las personas sordas son muy expresivas gestualmente, lo que nos puede ayudar a saber si debemos parar y comenzar de nuevo o si estamos teniendo éxito y la comunicación es correcta.
  • Aclarar con otras palabras si la persona no comprende las primeras.
  • Reiterar por escrito lo concerniente a información y datos importantes.
  • Evitar crear sonidos innecesarios, como agitar llaves, pasar páginas, o tamborilear con un lápiz contra la mesa.
  • Para llamar su atención pueden darse un par de leves golpes en su hombro o brazo. Si se encuentran en una habitación grande se pueden apagar y encender las luces intermitentemente. Otra alternativa es golpear suavemente el suelo o una mesa para que sientan las vibraciones.
  • Si no se entiende bien algo de lo que ha dicho, hay que pedirle que lo repita y no hacer que se ha comprendido. Si la persona con limitaciones auditivas no comprende bien una información hay que repetírsela o utilizar sinónimos.
  • No incomodarse o sorprenderse con la manera de hablar de la persona, el ritmo del habla o la elección de las palabras.
  • Si la persona está acompañada de un intérprete de lengua de signos, dirigirse a la persona, no al intérprete.

 Conclusión, como hemos comenzado hay que recalcar que siempre se debe tratar a una persona con discapacidad intelectual con total normalidad, adaptando nuestro comportamiento a la dificultad que esta tenga para relacionarse.

  • Adoptar una manera de hablar natural y sencilla. Evitar el lenguaje técnico y complejo y usar frases directas y bien construidas. Evitar los circunloquios (dar rodeos, enrollarse).
  • No ignorar a las personas con discapacidad intelectual. Saludar y despedirse de ellas normalmente, como con cualquier persona.
  • Responder a sus preguntas, asegurándonos de que nos ha comprendido. Hay que tener paciencia, sus reacciones pueden ser lentas y tardar en comprender lo que se le dice.
  • Salvo para cuestiones intelectuales, tratarlas de acuerdo con su edad.
  • Limitar la ayuda a lo necesario, procurando que se desenvuelva sola en el resto de las actividades.
  • Facilitar su relación con otras personas.
  • Evitar la sobreprotección. Dejar que ellas hagan o traten de hacer solas todo lo que puedan. Ayudarlas solo cuando sea realmente necesario.

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